martes, 29 de noviembre de 2011

Beatriz González


La obra que veis aquí arriba se llama Una golondrina no hace mercado y su autora es Beatriz González, una de las grandes artistas colombianas. Nunca había oído hablar de ella hasta que la directora del Museo de Arte Moderno de Medellín, Juliana Restrepo, me habló de la retrospectiva que le han organizado y que hace unos días inauguraron. Y claro, he regresado a Bogotá y he querido investigar sobre el trabajo de la que ha sido una de las grandes retratistas de la realidad social y política de Colombia que ha expresado, como nadie, el dolor causado por la violencia y la muerte. "Usted es la única que ha sido capaz de pintar a los colombianos" alguien le dijo alguna vez.

Nacida en Bucaramanga en 1938, Beatriz González puso patas arriba los argumentos plásticos de su país, pintando sobre superficies, texturas y objetos como metal, madera, toallas, cortinas, hules, cubrelechos, camas, tocadores, bandejas, tambores y estatuillas religiosas para "romper tabús con su irreverencia y destruir jerarquías con su ojo analítico". Convencida de que el arte es universal y que eso de la pintura colombiana son tonterías, y paralelamente a obras realizadas a partir de fotografías de prensa y cromos populares, esta artista colombiana ha trabajado numerosas versiones de obras de grandes maestros como "La encajera" de Vermeer el "Guernica" de Picasso -titulada "Mural para la fábrica socialista"-, y otras de Rafael, Botticelli, Renoir o Degas.

He leído que la reportería gráfica y el interés estético por los periódicos la llevaron inevitablemente a cruzarse con el tema político. Comenzó este proceso con comentarios críticos al presidente de turno Julio César Turbay, pero a través de diversos acontecimientos de la vida nacional se convertió en la pintora de la realidad colombiana, haciendo visibles sus opciones éticas a partir de sus propias imágenes. Es famosa su obra Ondas de Rancho Grande, donde el icono utilizado es la conocida líder de Córdoba Yolanda Izquierdo, asesinada por su labor de recuperación de tierras en el Sinú.

Ahora, para su exposición en Medellín, esta gran artista, siempre predispuesta a mirar el gusto de la gente y que sigue pintando a los 73 años en su estudio de la Plaza de Toros de Bogotá, ha revuelto cajas, armarios y archivos para pararse enfrente de esa vasta obra que ha realizado entre 1948 y 2010. Y es que "hacer una retrospectiva de tu obra es hacer un examen de conciencia”, ha declarado.



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