lunes, 28 de noviembre de 2011

Las Tres Rocas


Está claro que la arquitectura no puede cambiar el mundo pero sí hacerlo un poco más habitable. Hoy quiero seguir compartiendo con vosotros mi viaje a Medellín y hablaros de Santo Domingo Savio hasta hace nada, y en opinión de muchos, el barrio más inseguro de la ciudad más insegura de América Latina. Ahora, como nos dicen Sebastián y Mateo –nuestros pequeños guías- “es un barrio más alegre y más contento”. ¿Y gracias a qué, entre otras cosas, se ha producido este cambio? Al Parque Biblioteca España, obra del arquitecto colombiano Giancarlo Mazzanti, símbolo de la transformación social, arquitectónica y cultural de la ciudad y todo un espacio para el conocimiento. Por cierto, se llama así por la aportación que hizo el Gobierno español para su construcción.

Llegamos al barrio en metrocable. Veo a gente que va y viene, que viene y va y al que este sistema de transporte les ha cambiado la vida. Son las seis de la tarde y la biblioteca está repleta de niños y jóvenes viendo películas, leyendo, jugando con las computadoras, en la ludoteca. Hablo con ellos y me cuentan que vienen casi a diario; siempre tienen una excusa para regresar a este imponente edificio de pizarra negra –conocido como "Las Tres Rocas" y donde todo es gratuito- construido sobre el cerro en lo alto de la ciudad que les ha devuelto la dignidad, la autoestima y el orgullo a todos los del barrio y que sienten como algo muy suyo. Recorremos todo el espacio; hay salas de estudios, salas de ensayo, salas de exposiciones. Las vistas desde allí arriba son impresionantes. Recuerdo lo que me dijo al llegar a Medellín el arquitecto Camilo Restrepo: "Esta ciudad ha vivido ocho años de inversión en el espacio público en los que los mejores profesionales han construido las mejores infraestructuras". Un modélico plan urbanístico que ha conseguido que la ciudad, tras años de conflictos, muestre ahora su mejor cara.

A la salida, y para despedirnos, nos apuntamos a la clase gratuita de aerobic-rumba que hay en la plaza y que forma parte de un ambicioso programa cultural y social puesto en marcha por la Alcaldía. Ante las risas de todos por nuestro ritmo tan peculiar, bailamos y bailamos hasta desfallecer. Ya es de noche y la biblioteca nos despide espectacularmente iluminada. Quién me iba a decir a mí que iba a pasear tan tranquila y a estas horas por este barrio en el que hasta hace nada morían al día entre 30 y 40 personas por acciones violentas y en el que la Policía no se atrevía ni a entrar. Claro que es posible cambiar el mundo, pienso. ¿Y qué necesitamos? Tesón, ilusión, compromiso y trabajo.




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