martes, 22 de noviembre de 2011

El mejor pastelero del mundo

Lo veis en la foto en plena faena. Se llama Josep María Rodríguez, tiene 26 años, y en enero, junto a otros dos pasteleros españoles, ganó en Lyon la prestigiosa Copa del Mundo de Pastelería con tres  piezas -una de chocolate, otra de azúcar y otra de hielo- inspiradas en la obra de Julio Verne "La vuelta al mundo en 80 días".  El jurado, claro está, cayó rendido ante semejante despliegue de imaginación, profesionalidad y fantasía.

Todo esto y mucho más fue lo que nos contó ayer Josep María en el primer Café Literario, organizado por mi amigo Alejandro López Conde -excelente publicista y mejor comunicador-, en la Escuela Taller de Bogotá, por cierto, un sitio precioso en pleno centro histórico de la ciudad -La Candelaria-, que funciona con la ayuda de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

Josep María nos habló de las torrijas, tortas de anís y tartas de Santiago cocinadas junto su abuela, de la primera sopa de ajo que hizo para su hermana y que resultó un auténtico desastre, y de cómo consiguió entrar como aprendiz en el famoso restaurante Miramar de Paco Pérez, después de enviarle durante meses un currículum cada semana y donde estuvo lavando lechugas hasta la locura y trabajando para pagarse los estudios en una escuela de cocina.

Pero el tesón y el empeño de este jovencísimo y grandísimo pastelero no acaba aquí. Según nos contó ayer se propuso trabajar en el restaurante Zuberoa, en el País Vasco, y lo consiguió; apuntó al famoso pastelero Oriol Balaguer y fue en su obrador donde hizo su primer pastel en solitario: una enorme tarta de chocolate para las bodas de plata de sus padres. Y de allí saltó al negocio de otro top de la pastelería, Paco Torreblanca, quien le enseñó eso de que cuando te miras al ombligo estás muerto.

Sus ganas de seguir aprendiendo e investigando le llevaron a París donde se plantó tan sólo con una maleta y unas cuantas direcciones. Su objetivo: Fauchon, la mejor pastelería de la capital gala y probablemente del mundo. Tras tres meses dejando a diario su currículum consiguió entrar en el negocio, eso sí, trabajando de 9 de la noche a 11 de la mañana, y desde cero. Cansado del frío y deseoso de nuevas experiencias regresó a Cataluña para trabajar en la Pastelería Dolç, de Yann Duytsche, donde ha estado cinco años. ¿Y ahora qué? le pregunté ayer: "En unos meses abriré en Barcelona un negocio de pastelería y degustación con productos asequibles para todo el mundo". Estaremos atentos.

Gracias Josep María por compartir con nosotros y con todos los chicos y chicas de la Escuela Taller esta dulce enseñanza de vida y a ti Alejandro por sonsacar, con tu saber y humor, lo mejor de sí mismo a este genio de la pastelería.


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