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jueves, 9 de mayo de 2013

La mirada al infinito de Leo Matiz



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Soy feliz haciendo fotos y para mí el mejor de los planes es salir por ahí con mi cámara pero después de ver la exposición del colombiano Leo Matiz en el Museo Nacional mejor me dedico a otra cosa. El sí que fue un fotógrafo con mayúsculas, de los que hacen historia, y cada uno de sus trabajos es una obra de arte.  Envidio sus maravillosas fotos, claro que sí, pero también su vida en la que recorrió el mundo entero y en la que además fue pintor, actor, dibujante, galerista -Botero realizó su  primera muestra de pinturas en su galería de Bogotá-, publicista, agricultor, criador de pollos y caballos y hasta trabajó en el cine. 

Matiz nació en Aracataca en 1917, en el Magdalena, y la verdad él trabajaba de caricaturista y nunca pensó en dedicarse a la fotografía hasta que en 1937 Enrique Santos, entonces director de El Tiempo, le animó a ello, le regaló su primera cámara y lo contrató. Fue éste el punto de partida de una intensa trayectoria profesional de más de 50 años en la que captó con su cámara Rolleiflex algunos de los momentos más decisivos de la historia contemporánea, lo llevó a reunir cerca de 300.000 imágenes y lo convirtió en una de las personalidades más originales e innovadoras de la fotografía universal del siglo XX.

Cómo disfruté ayer recorriendo la muestra del Museo Nacional, con esas preciosas fotos -todas en blanco y negro- de Cartagena de Indias en los 50, los atardeceres en Taganga y los retratos de pescadores, recolectores de papa, mineros, llaneros e indígenas. También me gustaron mucho sus imágenes más abstractas y experimentales en forma de construcciones, tuberías, rollos de metal, tanques y fábricas, y los retratos de artistas e intelectuales como Frida Kahlo, Chagall, Neruda, Lucho Bermúdez, Walt Disney o Buñuel.

Si estáis por Bogotá no os perdáis esta exposición que lleva el título de Leo Matiz, mirando al infinito porque alguna vez el artista confesó: “Me he salvado de los huracanes, de los volcanes nacientes, de los ríos que se salen de su curso, de los atentados. Pero yo no puedo dormir. He venido a ver el infinito”.

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martes, 23 de abril de 2013

Carlos Vives y su café-restaurante, en el diario El País

Carlos Vives en Gaira Colombia de una


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Hoy el diario español El País publica mi artículo sobre Gaira, el café-restaurante que Carlos Vives y su familia tienen en Bogotá y donde, por cierto, se escucha la mejor música en directo de la ciudad. Podéis leerlo en este enlace. Espero que os guste. ¡Feliz día!

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viernes, 19 de abril de 2013

Melancolía

Atardecer Sierra Nevada de Santa Marta Colombia de una


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Hoy llueve, y mucho, en Bogotá; no ha dejado de hacerlo desde anoche, hace frío y estoy triste y melancólica. Rebuscando entre mis fotos he encontrado éstas que hice hace tan sólo unos días en la playa de La Jorará, a los pies de la Sierra Nevada de Santa Marta y he pensado cómo me reconfortaría volverla a caminar en solitario silencio, fotografiarla, recorrerla descalza de una punta a la otra, dejarme arrullar por sus sonidos, bañarme en su mar y, sentada en su arena, dar gracias por todo lo que tengo a pesar de que a veces, como hoy, me haya levantado con ganas de llorar y de agarrar un avión y plantarme en España. A mi familia y a mis amigos quiero decirles: no os preocupéis, todo va bien; lo que pasa es que es difícil no poder estar a vuestro lado. 

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miércoles, 20 de marzo de 2013

El restaurante más loco de Colombia




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Venir a Bogotá y no ir a Andrés Carne de Res es que como viajar a París y no visitar la Torre Eiffel y de verdad no estoy exagerando. En este enlace podéis leer el artículo que he escrito sobre el “comedero más delirante de las Américas” por el que pasan al año medio millón de personas y en el que un domingo cualquiera pueden llegar a fritarse 600 kilos de chicharrones. 

lunes, 11 de marzo de 2013

Un taller de cocina italiana de lujo

Sergio Martín Colombia de una / Toya Viudes

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¿Dónde se come la pasta rellena más sabrosa de Bogotá? ¿Y el risotto con tomate y tinta de calamar más delicioso? ¿Y los spaghetti tripomodoro más ricos? ¿Y el mejor tiramisú? Yo lo tengo más que claro: en La Divina Comedia, una deliciosa trattoria al mejor estilo italiano capitaneada por su chef Sergio Martín quien cocina todo lo que aprendió de su "nonna" María eso sí, con un toque muy personal, sutil y contemporáneo. ¿Suena delicioso, verdad? No sólo suena, es que lo es.

Saborear éstas y otras delicias os aseguro que es un auténtico placer pero ¿qué os parecería aprender a cocinarlas? Todos los lunes, con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide, Sergio organiza en su restaurante un taller de cocina italiana al que me invitó la semana pasada y no os podéis imaginar la de cosas que aprendí: ahora sé que la proporción exacta para hacer pasta fresca es de un huevo por 100 gramos de harina, que el limón nunca debe rayarse por el mismo lado porque la parte blanca es la que más amarga, que la pasta va a la salsa y no la salsa a la pasta y que ya no es necesario arrojar los fettuccine contra el techo para saber si están en su punto porque con pocos segundos, si son frescos, basta.

El menú que preparamos en nuestro taller fue de los que hacen historia: Spaguetti a la Raffi en salsa cremosa de limón y alcachofas, tagliatelle en salsa de salmón al vodka, penne all' amatrician y tortelli funghi en salsa de setas, todo ello maridado con cuatro excelentes vinos y de los que aprendimos un montón de cosas gracias a las explicaciones que nos dio el sumiller que nos acompañó esa noche. Sí, sí, sumiller y todo; si ya os decía yo que este taller de cocina italiana con Sergio Martín es un lujo porque además de aprender a cocinar, cenas de maravilla, conoces gente y regresas a casa feliz después, eso sí, de haber probado el famoso tiramisú de la casa. Por cierto, Sergio tiene un estupendo blog donde podéis encontrar sabrosas y fáciles recetas.

Información del taller: 3176987 / 3143931812


Sergio Martín Colombia de una / Toya Viudes

miércoles, 6 de marzo de 2013

De acampada en el Embalse del Hato

Colombia de una / Toya Viudes

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Vivo muy feliz en Colombia, cada día más, aunque mi dicha sería plena si a mi lado estuviera mi familia a la que echo de menos todos los días a todas horas. Es difícil tenerlos tan lejos pero mi corazón me dice que mi lugar está aquí ahora y claro cómo no hacerle caso al que nunca se equivoca aunque a veces  no lo queramos escuchar.

Ojalá pudiera fletar un avión y traer hasta Colombia a toda mi familia, desde mi madre hasta mi pequeña sobrina Victoria, y enseñarles lugares como el de la foto que consiguen que cada día me enamore un poquito más de este país. Estas son las vistas que hemos tenido este fin de semana desde nuestra tienda de campaña. ¿Preciosas, verdad? No las cambio por las del mejor hotel del mundo. Levantarte y con los ojos todavía medio cerrados encontrarte un paisaje así es todo un regalo del Universo. El lugar se llama el Embalse del Hato y está a unos 100 kilómetros al norte de Bogotá, muy cerquita de Ubaté, en la vía a Carmen de Carupa y es un estupendo destino de fin de semana. Nosotros llegamos un sábado por la tarde, montamos nuestra tienda y una vez todo listo, a disfrutar del atardecer, el silencio, los paseos y hasta del sabrosísimo lomo al trapo cocinado en la hoguera que prendimos para calentarnos del frío de la noche. Gracias Colombia por regalarme momentos tan especiales como éste; gracias Arturo por mostrarme con tanto amor tu país. 

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Colombia de una / Toya Viudes

lunes, 4 de marzo de 2013

De paseo en Gluggi por La Candelaria

Colombia de una / Toya Viudes




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Bogotá tiene uno de los centros históricos más bonitos y mejor conservados de América Latina, se llama La Candelaria y es lo que queda de la antigua ciudad colonial. Es una delicia pasear por aquí y perderse entre sus calles estrechas y empinadas y las casas de vivos colores, pero si lo tuyo no es caminar y te gusta que te lleven cómodamente y con total seguridad de un sitio a otro tomar un Gluggi es tu solución.

Gluggi en islandés significa ventana o balcón y es el nombre con el que han bautizado al motocarro marca colombiana Outeco especialmente diseñado y decorado que veis en la foto y que al estar abierto por los dos lados hace que no te pierdas ni un detalle en tu recorrido. ¿Y cómo funciona este novedoso servicio? Estos cochecitos con conductor incluido conectan los establecimientos que forman parte de la llamada Zona C de La Candelaria, una asociación que trabaja con mucho empeño para conseguir una Candelaria turística, limpia y segura. Así que por ejemplo si vienes de visita a Bogotá, te hospedas en unos de los hoteles incluidos, quieres visitar un museo, ir de compras a alguna de la joyería y luego a cenar en uno de los restaurantes que forman parte de la asociación llamas a un Gluggi y solucionado; y lo mejor de todo es que el servicio es totalmente gratis. Si vives aquí, traes tu coche, lo aparcas en uno de los parkings asociados, te subes a tu Guggli y a disfrutar. Ah! Y también ofrecen servicios de bodas, cumpleaños y eventos empresariales.

Hace unos días me monté en uno de ellos y la verdad es que me pareció genial y sobre todo muy cómodo para recorrer esta zona de la ciudad. Y si llueve o hace frío, mejor que mejor. ¿Te animas?

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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Las zorras de Bogotá

Zorras en Bogotá no sé si habrá, yo todavía no las he visto, pero de las que os voy a hablar hoy ni tienen patas ni cola -hay que ver lo mal pensados que sois algunos- y sirven para transportar chatarra y escombros. Reconozco que me he tenido que ir a Colombia para enterarme de que este nombre no está puesto al tuntún -a boleo, vamos-, ya que según la Real Academia Española zorra también es un carro bajo y fuerte para llevar de un sitio para otro pesos grandes. Pues de estas carretas tiradas por caballos que llenan las calles de Bogotá va esta historia.

Las zorras de Bogotá tienen los días contados. Hay un decreto gubernamental de mayo de 2010 que establece que antes del 31 de enero de 2012 estos vehículos de tracción animal tendrán que desaparecer de todo el país. Así que a los 3.500 carreteros -los que llevan las zorras- que se mueven por la ciudad -ganan entre 30 y 50 mil pesos diarios y de los que más de la mitad no tiene ni permiso de conducir porque son analfabetos- no les va a quedar más remedio que ponerse la pilas y cambiar sus carretas por un motocarro. Y ellos ¿qué dicen? Pues que no tienen dinero, que los dichosos motocarros van a costar entre 12 y 13 millones de pesos más la gasolina, que tienen menos capacidad y la carga que con la zorra transportan en un viaje les tocaría transportarla en cinco viajes con los nuevos vehículos. Menuda faena.

Pobres zorras, siempre han sido las grandes perseguidas. En el 2002 el entonces alcalde de la ciudad, Antanas Mockus, casi consigue acabar con ellas, pero al final los carreteros se buscaron una buena defensa y presentaron una demanda ante la Corte Constitucional argumentando que la medida de prohibición que quería aprobar el alcalde violaba su derecho al trabajo y a la libre circulación. En el 2003, la Corte les dio la razón. Ahora nadie las quiere ver por la calle y hasta tienen de grandes enemigas a las asociaciones de defensa de los animales y a varios grupos en Facebook.

Hay una ley que prohíbe a estos vehículos circular por las vías principales en horas puntas pero esto no lo cumple ni el gato. Y claro, qué pasa, que luego vienen los accidentes, los lloros y las protestas. El otro día salí de mi casa, baje a la Séptima -una de las arterias más transitadas de Bogotá-y me encontré un coche con toda la parte delantera destrozada después de haberse empotrado contra una de estas zorras y el caballo, malherido, que se había hecho caca del susto en medio de la calle.

Y yo, qué queréis que os diga....