jueves, 29 de noviembre de 2012

Woumain, nuestra tierra

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"Cuando vengas a nuestra tierra, descansarás bajo la sombra de nuestro respeto. Cuando vengas a nuestra tierra, escucharás nuestra voz, también, en los sonidos del anciano monte. Si llegas a nuestra tierra con tu vida desnuda seremos un poco más felices... y buscaremos agua para esta sed de vida, interminable". Leo esta hermosa poesía de Vitorio Apushana nada más poner pie en Riohacha, capital del Departamento de La Guajira hasta donde he viajado invitada por el Fondo de Promoción Turística junto a otros blogueros y periodistas, y donde estoy dispuesta a aceptar el poético reto de vaciarme y dejar atrás mi día a día de la ciudad. Ya estoy en Woumain, la tierra de los wayuú, la etnia indígena más numerosa de Colombia. Aquí soy una alijuna -una extranjera- a la que saludan con un jamaya, cómo está usted en lengua wayuunaiki. Y aquí está claro que se vive de otra manera bien diferente al resto de Colombia y yo he venido a descubrirlo. ¿Me acompañas?

En La Guajira puedes moverte en furgonetas pirata, copetranas -más grandes, tipo autobús- o en una burbuja, confortables todoterrenos con aire acondicionado a prueba de bomba en el que enfilamos carretera y manta. Estamos en la media Guajira, que por cierto no tiene nada de desértica, en la que me sorprende la abundante vegetación, las plantaciones de banano y donde me emociono contemplando a lo lejos la Sierra Nevada de Santa Marta, la mayor elevación cercana al mar del mundo. En la playa de Dibulla, un encantandor rincón a orillas del Caribe todavía sin explotar y desembocadura del río del mismo nombre, calmamos nuestra hambre a base de pescado frito, arroz con coco y patacones. Este plato siempre es muy rico pero a orillas del mar y con los pies descalzos pisando la arena me sabe a gloria. Hay muchos niños jugando en la playa y yo juego con ellos haciendo una y otra foto a sus sonrisas, a sus negros ojos.

Una parada en Punta de los Remedios, famosa por sus carnavales y su excelente mirador, y directos al Santuario de Flora y Fauna Los Flamencos donde en los meses de abril, mayo y junio pueden llegar a concentrarse hasta 7.000 de estas aves migratorias que conviven con las 160 especies que viven aquí todo el año. Aunque noviembre no es la mejor época para divisarlos localizamos a un pequeño grupo y realmente son majestuosos con su estilizado cuello y ese llamativo plumaje entre anaranjado y rosado. Pero dios mío qué bellos son y qué bello es este paraje. Por cierto, ¿sabes de qué se alimentan estas aves? Su plato preferido es un diminuto crustáceo llamados artemia salina y para buscarlo remueven la arena hasta formar círculos como los de la foto de abajo. Cae la tarde y nos tenemos que ir pero yo lo que deseo con toda mi alma es quedarme y darme en este mágico y solitario lugar un baño de esta luna llena que hoy nos acompaña.

Estando donde estamos sería un pecado irnos a la cama sin oír un vallenato y es el pequeño Luis Mario, quien a pesar de su edad ya canta como los mismísimos ángeles, el que se atreve a ponerle voz a ese del maestro Orozco que dice "porque si aquel relicario de besos/ que yo te ofreciera hechas la olvido/ crucificado y temblando de rabia/ con llanto en los ojos desbarató el nido". Amén.

Mañana y pasado estaré sin conexión a internet; el sábado, desde Bogotá os contaré más cosas. Podéis seguirme en twitter @colombiadeuna y ver más fotos de éste y otros viajes en mi Fan Page de Facebook donde podréis regalarme un "Me gusta". Muchas gracias. 



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