Vivo en el norte de Bogotá, una ciudad con casi 8 millones de habitantes, dividida en seis estratos dependiendo del poder adquisitivo de quienes los habitan. Así, según datos de la Secretaría de Hacienda Distrital, el 84 por ciento de la población de la ciudad se ubica en los estratos 1, 2 y 3; sólo 422 mil personas viven en los estratos 5 y 6. Mientras que el ingreso per capita mensual en la franja más pobre de la ciudad es de poco más de 51.000 pesos (unos 20 euros), en la franja más rica ese ingreso supera los dos millones y medio. Esto quiere decir que para que una persona de los estratos más bajos logre ganar lo mismo que ingresa otra de los estratos más altos en un solo mes necesita cuatro años de su vida.
Bogotá está organizada en carreras y calles; éstas últimas discurren perpendiculares a los cerros y una cosa es la ciudad de la calle 26 hacia al norte -donde yo vivo- y otra muy distinta es de la 26 hacia el sur, donde se levanta Ciudad Bolívar, una de las zonas más pobres y marginales y donde estuve este domingo, acompañando, junto a un grupo de amigos y la organización Un techo para mi país, al fotógrafo Santiago Escobar Jaramillo que sigue poniendo todo su amor y tesón en su proyecto Colombia, tierra de luz con el que busca reparar, a través del arte y la fotografía, a las víctimas del conflicto armado colombiano y de la exclusión social.
No es fácil, cómodo ni barato llegar a Ciudad Bolívar; me pregunto cómo se las ingeniarán los que viven aquí para ir a otras zonas de la ciudad. Subimos hasta La Colina, el punto más alto; las vistas son impresionantes. Hilda Giraldo nos invita a visitar su casa y nos cuenta su historia: hace mucho años la guerrilla la obligó a dejar su hogar en Caldas, se instaló en Manizales y de allí a Bogotá, en busca de una mejor vida. Hilda vive en una casa muy pequeña, de techos de uralita y sin ventanas. ¿Y cómo la ilumina? Pues por increíble que parezca con una botella llena de agua y lejía colocada en su tejado a modo de claraboya, que emite una luz equivalente a una bombilla de 55 vatios y le ayuda a ahorrar en electricidad (en la foto). Este proyecto se llama Litros de luz y ha llevado la luz a varios rincones del planeta como Filipinas. Como parte del proyecto de Santiago ayudo a Hilda a escribir en una pequeña tablita de madera uno de sus deseos para que siempre esté junto a ella: "Que la luz ilumine este hogar".
Margot Zabala vive en Ciudad Bolívar con su esposo y sus dos hijos. Su sueño es tener una casa más grande, con paredes y ventanas por donde entre la luz natural. Juan David Marulanda es arquitecto, hoy nos acompaña, y le dibuja a Margot el diseño de su nueva casa, llevando así la luz y la ilusión a este hogar en forma de proyecto arquitectónico. Me siento sola a la entrada y viendo tantas y tantas casas me preguntó qué de vidas y de historias encerrará cada una de ellas.
Claudia nos recibe junto a sus tres hijos. Me contagian su empuje y su vitalidad. Es toda una artista y en su tiempo libre construye unos preciosos belenes. Un pequeño papel en forma de casita que construye Santiago sirve de base para que escriba su deseo: "Dios, bendice este hogar". Su hija mayor trepa hasta el techo de la casa y mete este mensaje en ese "Litro de luz" que los ilumina. Me tumbo en el suelo de la habitación principal -la única de la casa y donde duermen todos juntos- y descanso unos minutos abrazada al pequeño Camilo. Oigo su corazón y su respiración y me lleno de toda su energía. Que Dios te bendiga. Esta mañana la luz que entra por las ventanas de mi habitación me ha despertado. He dado las gracias por todo lo que tengo y he prometido nunca olvidar que el Sur de Bogotá también existe.
Podéis ver el proyecto de Santiago y sus bellísimas fotos en este enlace y más fotos mías de Ciudad Bolívar en facebook, en la página Colombia de una.