Recuerdo que era enero, en España hacía mucho frío, rompí la hucha, tomé un avión y me vine a Colombia a ver a Dani. Estuvimos unos días en Bogotá y luego volamos al Parque Tayrona. Nunca olvidaré la primera vez que vi el azul de ese mar, la arena de las playas. Tanto tanto me gustó que prometí volver. Cuatro años han pasado, los astros me han ayudado, la promesa se ha cumplido y he vuelto a pisar este mágico lugar a orillas del caribe colombiano.
Rincones en el Tayrona hay miles pero yo me quedo con uno: la Playa del Amor. Qué sugerente nombre y qué bonito lugar. Para llegar hasta aquí hay que tomar un sendero desde la Playa de Gairaca. Diez minutos entre árboles, arbustos, maleza y de repente, plas, una playa a tus pies como las de las películas. Al verla desde arriba tienes tantas ganas de llegar que no hay que dejar que la emoción te haga tropezar y caerte al suelo en el último tramo del camino que es el más empinado.
Lo primero que hago al llegar es quitarme los zapatos y pasear descalza sobre esa arena que veis en la foto; lo segundo, nadar, nadar y nadar; y lo tercero tratar de encontrar, sin éxito, la piedra en forma de corazón que todo el que viene aquí busca para entregar a su vuelta a la persona amada. No hay suerte, otra vez será pero ¿si la hubiera encontrado a quién se la hubiera dado? No sé, no sé. Estoy con Guillermo, Bárbara –que ha venido desde Austria a conocer Colombia-, Cristina, Marta y Mónica que con su contagioso sentido del humor no paran de hacernos reír. No somos los únicos en playa y eso que suele ser bastante solitaria; nos acompaña un grupo de submarinistas listos para su primera inmersión en uno de los mejores fondos del país y en la barrera coralina más grande de todo el Tayrona. Mateo me cuenta que Calipso es la única empresa que puede bucear aquí. Lo apunto en mi agenda para otra ocasión. Hace mucho viento, el mar está precioso y me acuesto a la sombra de un árbol a descansar un rato. Paseo despacio hacia las rocas disfrutando del delicioso masaje en mis pies. Hay cangrejos correteando por todas partes. Antes de irme cierro los ojos y desde lo más profundo de mi corazón pido un deseo: volver pronto a este lugar.
Y vosotros, ¿conocéis el Tayrona? ¿habéis estado alguna vez en la Playa del Amor? ¿Encontrasteis la piedra?