Antes de llegar a Colombia para mí refajo no había más que uno: el que veis en la foto a modo de falda de vistosos colores y primorosos bordados y que en mi tierra, Murcia, se mueve a ritmo de jotas, parrandas y malagueñas. O sea, bailes, bailes y más bailes. Hasta tenemos una canción que sonrojaba en su día a los más mayores y que dice "Arriba, abajo, que a mi novia le he visto el refajo. Abajo, arriba, que a mi novia le he visto las ligas".
Pero ha sido llegar a Bogotá y otro refajo entrar en mi vida, eso sí, a modo de bebida. Perú tiene el pisco sour, Brasil, la caipirinha y Colombia, esta curiosa combinación agridulce de cerveza con gaseosa. Preparar un refajo no tiene mayor secreto: cerveza, gaseosa dulce -Colombiana, Kola Hipinto o Kola Román-, al centro y para dentro. Hielo no, por favor, que lo llena de agua y le cambia el sabor. Con el nombre de Cola y Pola se llegó a comercializar el refajo en lata y botella pero no gustó nada y pronto lo sacaron del mercado porque el bueno es el que se hace en casa, en una jarra, y en las proporciones deseadas según el día. Hay quienes le agregan otras bebidas -como ron o aguardiente (entonces se le llama submarino)-, pero el refajo no está pensado para emborrachar sino, entre otras muchas cosas, para quitar el guayabo versus resaca y, la verdad, funciona a las mil maravillas ya que, por un lado, hidrata, y, por otro, mantiene una cierta dosis de alcohol en el organismo mientras el malestar se esfuma.
Pero ha sido llegar a Bogotá y otro refajo entrar en mi vida, eso sí, a modo de bebida. Perú tiene el pisco sour, Brasil, la caipirinha y Colombia, esta curiosa combinación agridulce de cerveza con gaseosa. Preparar un refajo no tiene mayor secreto: cerveza, gaseosa dulce -Colombiana, Kola Hipinto o Kola Román-, al centro y para dentro. Hielo no, por favor, que lo llena de agua y le cambia el sabor. Con el nombre de Cola y Pola se llegó a comercializar el refajo en lata y botella pero no gustó nada y pronto lo sacaron del mercado porque el bueno es el que se hace en casa, en una jarra, y en las proporciones deseadas según el día. Hay quienes le agregan otras bebidas -como ron o aguardiente (entonces se le llama submarino)-, pero el refajo no está pensado para emborrachar sino, entre otras muchas cosas, para quitar el guayabo versus resaca y, la verdad, funciona a las mil maravillas ya que, por un lado, hidrata, y, por otro, mantiene una cierta dosis de alcohol en el organismo mientras el malestar se esfuma.
¿Y esto del refajo de dónde viene? Cuentan que los ingleses, allá por el XVII, empezaron a mezclar limón almibarado con cerveza de mala calidad. La mescolanza se fue refinando y mejorando hasta que se consiguió el shandy que hoy en día se toma con ginger, soda o gaseosa. Existen bebidas parecidas en Bélgica, Francia, Estados Unidos y hasta en España donde, al mezclarla con limón, la llamamos clara.
Para los colombianos este líquido invento que refresca, sana y, si te empeñas, hasta emborracha, es acompañante imprescindible de chicharrones, chorizos, empanadas, morcillas, papas, guacamole, carne, arepas y qué sé yo cuántas comidas más. Y a vosotros ¿cómo os gusta tomarlo? Si es que os gusta, claro.
Para los colombianos este líquido invento que refresca, sana y, si te empeñas, hasta emborracha, es acompañante imprescindible de chicharrones, chorizos, empanadas, morcillas, papas, guacamole, carne, arepas y qué sé yo cuántas comidas más. Y a vosotros ¿cómo os gusta tomarlo? Si es que os gusta, claro.

