martes, 13 de marzo de 2012

El rancho kogui de Juan Luis y Cuca


Son colombianos. Se conocieron un buen día en 1982 y ya no se separaron. A los pocos meses Cuca decidió dejarlo todo y acompañar a Juan Luis a la Sierra Nevada de Santa Marta donde iba a hacer su año de prácticas tras acabar Medicina. Entonces no había carreteras ni nada que se le pareciera y para llegar a Ciudad Perdida, su primer destino, no les quedó otra que caminar y caminar cargados hasta arriba durante dos días. Pero ni eso ni nada les importó: en la sierra fueron muy felices, soñaron mucho y aprendieron más. A la vuelta, en su finca de Gachancipá, muy cerquita de Bogotá y donde había estudiado sus últimos años de carrera, Juan Luis levantó poquito a poco y con mucho amor, un bohío (en la foto), idéntico al que sirve de vivienda a los indígenas koguis (abajo en la foto), los Hijos del Jaguar, descendientes de la antigua cultura tayrona, con los que convivieron en la sierra.

Os cuento que para los indígenas la Sierra Nevada es una casa ceremonial; el lugar que concentra toda la responsabilidad con el resto de Universo, desde donde se vigila y custodia lo sagrado y lo vital para el Planeta, la base y unión con lo espiritual. Es el cordón umbilical que une el origen y el presente, lo espiritual y lo material, es la unión con la Madre. Y allí, en plena sierra, estuvieron viviendo Juan Luis y Cuca.

Este domingo los acompañé a su refugio; también vinieron Natalia y Camilo. El rancho es precioso y tiene una energía muy especial, pero lo que realmente me fascinó es el bosque andino que lo rodea -y se llama así porque está por encima de la selva húmeda tropical- y que Juan Luis lleva plantando desde hace más de treinta años. Hay raques, robles, romeros, encenillos, cedrillos, pinos romerones, alisos, palmas de cera, el árbol nacional de Colombia. Y raques, arrayanes, cerezos, bromelias, orquídeas, y un montón de especies más. Un auténtico vergel que recorrí feliz a su lado. Rematamos el día con un delicioso ceviche de corvina con maracuyá preparado por Cuca, mazorcas de maíz -muy típicas también en Murcia, mi ciudad-, y carne a la brasa cocinada con la ayuda de Misael. De despedida, Juan Luis nos tenía preparada una sorpresa: las vistas desde lo alto del páramo -que tantas veces ha recorrido con su caballo Piropo- de la laguna de Tominé y todos los pueblitos que la rodean. Gracias a todos por este día tan especial. Me encantó conoceros y ojalá volvamos pronto.

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lunes, 12 de marzo de 2012

La capilla del Gimnasio Moderno


Sitios en Bogotá que me gusten hay muchos, muchísimos diría yo, pero para hoy he elegido uno muy especial. Siempre que voy andando desde mi casa -en el barrio de Chapinero alto- hacia el norte, primero camino por la carrera séptima -la de más tráfico y ruido de toda la ciudad- y luego por la novena. Coches y coches, ruido y más ruido, buses y buses, gente y más gente, hasta que llego a la altura de la calle 74 y cruzo la verja del Gimnasio Moderno -que, a pesar de su nombre, es un colegio fundado en 1914 al más puro estilo inglés entre maravillosos jardines (abajo en la foto). Aquí nada más se oye el cantar de los pájaros y las voces de los alumnos jugando al fútbol. Y en medio de este remanso de paz se levanta mi rincón secreto: la capilla que podéis ver en la foto, diseñada en 1954 por el arquitecto Juvenal Moya, con cálculos estructurales de Guillermo González Zuleta e inspirada en la proyectada por Oscar Niemeyer en la ciudad brasileña de Pampulha. La idea Niemeyer de utilizar delgadas bóvedas de membrana en concreto -cemento- de manera que desempeñaran a la vez el papel de muros y cubiertas, atrajo la atención de los arquitectos colombianos, quienes levantaron más de una docena de variantes locales no sólo en Bogotá, sino en otras ciudades como Cúcuta, Armenia, Barranquilla o Medellín. 

Para entrar en la capilla atravieso dos inmensas puertas doradas. No hay nadie dentro y me siento en el último banco de madera. Huele a flores, hace mucho sol y la luz se cuela revoltosa por las cerca de 1.500 coloridas vidrieras traídas desde Francia. Alguien me recuerda que la llaman el aula de colores porque los niños reciben aquí clases de coro. No soy practicante pero sí católica y este lugar me acerca a Dios. El interior de la capilla está diseñado en forma de cruz griega con cuatro brazos de igual longitud. Qué raro, ¿por qué optarían por esta composición rígida y estrictamente simétrica al etilo de las iglesias cristianas del siglo IX que le resta dinamismo al interior y obliga a colocar el altar en el centro en contraste con la gran espectacularidad cromática que dan los ventanales? Pues no lo sé, la verdad.

Recorro la capilla en silencio y me pregunto lo audaz y original que tuvo que ser para la época. Fuera contemplo el sistema de cáscaras de concreto que no deben tener más de cinco centímetros. Los jardines son preciosos: hay robles, eucaliptos, pinos, palmas. Me siento a la sombra de una acacia plateada mientras agradezco estos minutos de paz y tranquilidad y tomo fuerzas antes de volver a salir al bullicio de la ciudad. Y vosotros, ¿conocéis esta capilla? ¿y el Gimnasio Moderno?

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sábado, 10 de marzo de 2012

Mi entrevista en la twitcam de "El Tiempo"

Muchos me habéis pedido que cuelgue fotos mías, que os cuente más cosas de mí, que queréis conocerme. Bueno, pues aquí me tenéis en una entrevista que me ha hecho el periódico "El Tiempo" para su twitcam. ¡Feliz fín de semana!

Ahí va en enlace

viernes, 9 de marzo de 2012

5 al día


En Colombia, cumplir la recomendación de la OMS de tomar 5 piezas de frutas y verduras al día es tarea bien fácil. Yo en Bogotá voy andando por la calle y en cada esquina me encuentro un puestico donde venden fresas, piña, ciruelas, mango, manzanas, duraznos, uvas, papaya, banano, sandía, melón y yo qué sé cuantas frutas más. Además ¡hasta te las dan peladitas y cortaditas para que sólo tengas que comértelas! Y a un precio muy económico: un vasito hasta arriba de fruta cuesta 1.000 pesos que viene a ser menos de medio euro. Qué felicidad. ¡Ah! Y no me puedo olvidar del salpicón- la macedonia española- y de lo que llaman ensalada que lleva fruta cortada, leche condensada y mucho queso rallado por encima. ¿Fruta con queso? Pues sí; a mí esta mezcla no me gusta mucho, y eso que se ve bien apetitosa, pero a muchos colombianos les vuelve locos.

Me encanta además ir a los mercados y supermercados y perderme entre tanta variedad de frutas algunas de ellas para mí desconocidas hasta hace unos meses: pitayas, guanábanas, granadillas, maracuyá, tomate de árbol, uchuvas... Una de mis preferidas es el lulo (abajo en la foto), conocido también como naranjilla, nuquí o chipiguaba, y los jugos que se hacen con él son deliciosos. Su sabor es agridulce, así que a mí me gusta ponerle un poquito de azúcar.  Se cultiva principalmente en el Departamento del Huila y, además de estar riquísimo, es refrescante, tiene mucho hierro, ayuda a conciliar el sueño, alivia enfermedades nerviosas, diuretiza y limpia la sangre, mejora en casos de arteriosclerosis, regula la hipertensión y no sé cuántas cosas más. ¡Ahora entiendo por qué me encuentro tan bien desde que llegué a Colombia! ¿Y qué me decís de la lulada, bebida típica del Valle del Cauca hecha con trozos de lulo, zumo de limón y azúcar? Para morirse. Definitivamente, Colombia es un paraíso.

¿Y cuál es vuestra fruta preferida? 

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miércoles, 7 de marzo de 2012

Shultes, el curare y Anapaporis


Los veis en la foto en las cataratas de Yayacopi junto a un grupo de niños de la tribu macuna. Se llama Richard Evans Shultes y un buen día, allá por los años 30, abandonó su cómodo y reconocido puesto como doctor de Botánica en la Universidad de Harvard para perderse en la Amazonía colombiana donde pasó más de doce años conviviendo con los indígenas, llegó a clasificar más de 24.000 especies de plantas y descubrir 2.000 nuevas.

Shultes vino a Colombia a investigar sobre el curare, el veneno que los indígenas del Amazonas usaban -y siguen usando- para cazar- y que se quería empezar a utilizar como anestésico y relajante muscular. Estalló la Segunda Guerra Mundial, quiso alistarse en el Ejército, pero el gobierno de su país le pidió que permaneciera en la selva y buscara una alternativa al caucho que Estados Unidos importaba de Asia pero que con la guerra empezaba a escasear. Hizo caso y se quedó, estableciendo una relación muy especial con los indígenas porque, como he leído por ahí, aunque era blanco, no venía ni a esclavizarlos, como los caucheros; ni a cambiar su alma, como los misioneros; ni a medirles el cuerpo, como los antropólogos, sino a interesarse por lo mismo que ellos: las plantas. ¿Y qué hizo durante todos estos años? Pues, entre otras cosas, hacer miles de fotos e investigar sobre alucinógenos y sus utilidades por las comunidades indígenas.

La primera vez que oí hablar de Shultes fue hace unos años cuando vine a Bogotá y una amiga me recomendó El río, obra de su discípulo Wade Davis y todo un canto de amor a Colombia, el Amazonas y a este maestro de Harvard. Al regresar a España devoré literalmente el libro y a través de sus páginas viaje hasta esos parajes y vidas tan lejanas y desconocidas para mí. Ayer, en una oscura y callada sala de cine, el legendario botánico regresó a mi vida en las primeras imágenes de Anapaporis, secretos de la selva, magnífico documental del colombiano José Antonio Dorado -también director de El rey-, que cuestiona la desaparición de las lenguas nativas y el conocimiento ancestral y que lleva el nombre del amazónico y sagrado río. Os lo recomiendo.

Quiero ir al Amazonas y tendré en cuenta los tres consejos que Shultes le dio a uno de sus discípulos: “No uses botas de cuero, es inútil: las serpientes pican en el cuello. Lleva un casco duro de explorador. No regreses sin tomar yagé”. Y vosotros, ¿conocéis ya el Amazonas?

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Medellín, impecable e imparable


Hace meses, y por encargo de Satena para su revista Volar, escribí un reportaje sobre Medellín que fui compartiendo con vosotros en pequeñas entregas, pero que hoy me gustaría que pudierais leer entero aunque sé que algunos ya lo han hecho. Aquí está el enlace. Lo titulé Medellín, impecable e imparable porque esa fue la imagen que me llevé después de estar una semana allí y recorrerla de arriba a abajo. Realmente la ciudad me cautivó, tengo allí muy buenos amigos y espero volver muy pronto. Y a vosotros, ¿qué os parece Medellín?

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martes, 6 de marzo de 2012

Que alguien haga algo por favor


Ringgggggg. ¿Otra vez el despertador un domingo a las seis de la mañana? Nada, que no tengo solución. ¿Y dónde nos vamos hoy? Al Desierto de la Tatacoita, a 65 kilómetros de Bogotá ¿Me acompañas? ¿Sí? Pues vamos. No hay excursión que se precie sin un buen desayuno, así que paramos en Nemocón, nombre que significa "lamento o rugido del guerrero" al ser el lugar donde se reunían los indígenas para llorar la derrota y muerte de sus jefes. Ahora es un bonito pueblo de coloridas fachadas adornadas con pasajes bíblicos, flores, libélulas, mariposas, nubes y toda clase de fantasías pictóricas salidas de los pinceles de Juan Carlos Morales. La mina no la visitamos porque vamos justos de tiempo -otra vez será- pero sí que llenamos nuestros estómagos para la caminata que nos espera (ya me veis en la foto). 


Antes de empezar nuestra ruta debéis saber que este desierto era un paraje bien desconocido hasta que mis amigos del grupo Caminantes del retorno lo descubrieran siguiendo las indicaciones de la gente del lugar y lo llamaran Desierto de Tatacoita por parecerse mucho, pero en pequeñito, al Desierto de la Tatacoa que hay en el Departamento del Huila y que estoy deseando conocer. Por cierto, una tatacoa es una serpiente ya desaparecida y parecida a la cascabel y este nombre se lo dieron los españoles por la cantidad de reptiles que se encontraron por la zona. Bueno, menos charla y más caminar que nos queda mucho por delante.

El sitio es precioso: como podéis ver en las fotos la erosión durante cientos y cientos de años ha formado un gran cañón en el que las arenas y las arcillas han labrado laberintos y cárcavas de increíble belleza y disparatadas formas. Cruzamos riachuelos y encontramos cactus, pinos, acacias, fiques, y mil y un arbustos. Esta vegetación, a veces tan árida, me recuerda mucho a España. ¡Y también el calor que hace! Francesca dice que se parece a la Capadocia en Turquía y tiene toda la razón. Hasta aquí todo bien pero de repente ¡¡horror!! Nos topamos de frente con una mina de arena -de las que sacan material para la construcción en Bogotá- que como una fiera, y sin compasión, está devorando estas formaciones y acabando con el paraje y eso que lo "venden" como el gran atractivo turístico de la zona. Jairo, nuestro guía, nos cuenta que en cuatro años el desastre ha sido total, nada es lo que era y la arena que mueve la mina está sepultando día tras día y sin descanso todo lo que encuentra a su paso. Los ciclistas han dejado de venir porque ya no pueden hacer sus rutas; nosotros tenemos que sortear montañas de arena para encontrar nuestro camino. De verdad que dan ganas de llorar. Haciendo de tripas corazón paramos a almorzar en un alto desde donde divisamos el triste panorama. Ante esto sólo puedo decir ¡Que alguien haga algo por favor! Y a vosotros todo esto ¿qué os parece?

* Todas las fotos son de mi amigo Jorge Bela menos la de abajo que es de Caminantes del retorno


En esta primera foto podéis ver el desastre...








domingo, 4 de marzo de 2012

La Playa del Amor


Recuerdo que era enero, en España hacía mucho frío, rompí la hucha, tomé un avión y me vine a Colombia a ver a Dani. Estuvimos unos días en Bogotá y luego volamos al Parque Tayrona. Nunca olvidaré la primera vez que vi el azul de ese mar, la arena de las playas. Tanto tanto me gustó que prometí volver. Cuatro años han pasado, los astros me han ayudado, la promesa se ha cumplido y he vuelto a pisar este mágico lugar a orillas del caribe colombiano.

Rincones en el Tayrona hay miles pero yo me quedo con uno: la Playa del Amor. Qué sugerente nombre y qué bonito lugar. Para llegar hasta aquí hay que tomar un sendero desde la Playa de Gairaca. Diez minutos entre árboles, arbustos, maleza y de repente, plas, una playa a tus pies como las de las películas. Al verla desde arriba tienes tantas ganas de llegar que no hay que dejar que la emoción te haga tropezar y caerte al suelo en el último tramo del camino que es el más empinado.

Lo primero que hago al llegar es quitarme los zapatos y pasear descalza sobre esa arena que veis en la foto; lo segundo, nadar, nadar y nadar; y lo tercero tratar de encontrar, sin éxito, la piedra en forma de corazón que todo el que viene aquí busca para entregar a su vuelta a la persona amada. No hay suerte, otra vez será pero ¿si la hubiera encontrado a quién se la hubiera dado? No sé, no sé. Estoy con Guillermo, Bárbara –que ha venido desde Austria a conocer Colombia-, Cristina, Marta y Mónica que con su contagioso sentido del humor no paran de hacernos reír. No somos los únicos en playa y eso que suele ser bastante solitaria; nos acompaña un grupo de submarinistas listos para su primera inmersión en uno de los mejores fondos del país y en la barrera coralina más grande de todo el Tayrona. Mateo me cuenta que Calipso es la única empresa que puede bucear aquí. Lo apunto en mi agenda para otra ocasión. Hace mucho viento, el mar está precioso y me acuesto a la sombra de un árbol a descansar un rato. Paseo despacio hacia las rocas disfrutando del delicioso masaje en mis pies. Hay cangrejos correteando por todas partes. Antes de irme cierro los ojos y desde lo más profundo de mi corazón pido un deseo: volver pronto a este lugar.

Y vosotros, ¿conocéis el Tayrona? ¿habéis estado alguna vez en la Playa del Amor? ¿Encontrasteis la piedra?





viernes, 2 de marzo de 2012

Don Leopoldo


Encuentro a Don Leopoldo en Playa Gairaca arreglando su viejo cayuco hecho con un tronco de caracolí. Me invita amablemente a sentarme y charlar con él. Lleva visitando al Parque Tayrona, a orillas del caribe colombiano, desde los ocho años cuando empezó a acompañar a su padre a pescar las langostas que encontraban sin dificultad muy cerca de la orilla y que vendían por unos cuantos pesos a los restaurantes y hoteles de la zona. Ahora quedan bien pocas y se pagan a precio de oro. Desde entonces, y tiene 80 años, no ha habido semana que no haya dejado su casa y su familia en Taganga para perderse durante unos días en este refugio particular donde, me dice con una enorme sonrisa, lo pasa bien sabroso. 

Fue durante cincuenta años pescador y ahora está retirado. Hasta aquí le gusta venir solo, cargado de lo necesario para comer, pescar, tumbarse plácidamente en la hamaca en el patio de su pequeña casita, pasear y, sobre todo, vivir sin horarios. Hablamos de vientos mientras sopla con fuerza el que viene del este y llaman La Loca. Me cuenta cómo son aquí las estaciones, las lluvias. Disfruto oyendo sus historias y mirando esos ojitos llenos de vida e ilusión. En silencio contemplamos el mar y su infinidad de colores. Le hablo de mí, de España, de mi familia. Me escucha con mucha atención. Llega la hora de despedirnos y lo hace con una frase: Colombia es un paraíso. Para mí, también, ¿y para ti?

jueves, 1 de marzo de 2012

¡100.000 visitas!


Hoy, 1 de marzo, es un día muy especial: mi blog ha superado las 100.000 visitas y quiero compartir esta feliz noticia con todos vosotros. No soy una adicta a los horóscopos, ni mucho menos, pero me gusta de vez en cuando consultarlos y hoy el mío me dice: "Te sentirás optimista y todo te saldrá bien. Aunque tendrás que trabajar mucho para lograr cualquier objetivo... tus metas son realizables: no lo olvides". ¿Y cuál es mi meta, cuáles son mis objetivos? Eso lo tengo claro: quiero seguir con este blog, compartir con vosotros todo lo que estoy aprendiendo y viviendo en Colombia y enseñar al mundo que este país es mucho más de lo que se empeñan en enseñarnos. GRACIAS  a todos.

martes, 28 de febrero de 2012

Susúrrale al oído

La de la foto soy yo. ¿Y dónde estoy? En el Cementerio Central de Bogotá. ¿Y qué hago? Pedir un deseo. ¿A quién? A Leo Kopp. ¿Y por qué? La tradición asegura que si le susurras al oído lo que necesitas a la estatua de bronce que hay en su tumba -inspirada en El Pensador de Rodin- él te ayuda a conseguirlo. ¿Y qué le pedí? Eso es secreto. Si os lo cuento no se cumple.

Leo Kopp fue un empresario alemán y judío que vino a vivir a Colombia. En 1889, junto a su hermano, fundó la Sociedad Kopp y Castello que luego se convertiría en Bavaria, en la actualidad la fábrica de cerveza más grande del país y la décima del mundo.

Cuando llegó aquí todo el mundo bebía chicha hecha con maíz fermentado. Pero él consiguió que la gente se aficionara a la cerveza, vendiéndola como una bebida más sana que curaba enfermedades del estómago y el insomnio, daba energía a los trabajadores y mejoraba la calidad de leche materna. ¿Será verdad? ¿Y por qué los colombianos tienen tanta fe en D. Leo y van al cementerio, sobre todo los lunes, para llevarle flores, arroz, comida para los pajaritos, contarles sus problemas y pedirle ayuda? En vida, y con su mentalidad europea, el empresario ayudó a mucha gente y se ocupó de sus trabajadores como nadie lo había hecho hasta entonces: ayudó a construir el barrio La Perseverancia en Bogotá a dos cuadras de la fábrica de cerveza para que no tuvieran que gastar en transporte, les vendió las casas con buenos créditos, abrió pozos y construyó tuberías para garantizar el agua potable. Los trabajadores quedaron eternamente agradecidos, este agradecimiento se transmitió de generación en generación y, a su muerte, el mito y el rito fueron alimentándose por sí solos: la gente empezó a visitar su tumba y continuó pidiéndole favores. Yo, por si acaso, le susurré el mío al oído. ¿Y tú? ¿Ya lo has hecho?


jueves, 23 de febrero de 2012

Los rostros de Lucho

Valentín tiene más de setenta años. Se levanta cada mañana antes de que salga el sol, cruza Bogotá de una punta a la otra, sube a los cerros y regresa a la ciudad cargado de ramas de eucalipto que vende en las calles. Así un día tras otro. Lleva trabajando sin descanso desde los siete años, ha perdido sus dientes pero nunca su sonrisa. Mi amigo Lucho Mariño lo ha fotografiado. Aquí tenéis su rostro, su piel, toda una vida marcada en cada una de sus profundas arrugas. 

El de abajo es Walter y recorre con su zorra Bogotá. David lleva viviendo debajo de la autopista desde los diez años y bebiendo alcohol etílico mezclado con agua; Gabriel de Jesús pasa los días pidiendo una ayuda a la salida de la iglesia sentado en su silla de ruedas. También están Pacho, Rosendo, Luis, Álvaro... Hace dos años, Lucho hizo su primer retrato en la calle de uno de estos amigos invisibles, como él los llama, que están siempre a nuestro lado, pero que todo el mundo evita. Y desde entonces no ha parado. Le fascinan sus miradas y con sus fotos quiere revelar la esencia de esta, para él, maravillosa gente.

Apasionado de la arquitectura y el café, Lucho nació en Barrancabermeja, en el departamento de Santander, y lleva más de veinte años con su cámara a cuestas. Publicidad, obras de arte, alimentos y ahora estos retratos que, a mí, me dejan sin respiración. Y a vosotros, ¿qué os parecen?

Aquí podéis ver más fotos de Lucho.


martes, 21 de febrero de 2012

Sumapaz: mi primer artículo para Proexport

¡Buenos días a todos! Ya está colgado en la red mi primer artículo para Proexport como Bloguera Oficial. ¿Y de qué he escrito? Sobre Sumapaz, el páramo más grande del mundo que está muy cerquita de Bogotá, donde estuve de excursión hace unos días y que me hizo enamorarme un poquito más de Colombia. El sitio es precioso, caminamos entre las lagunas, vi mis primeros frailejones, águilas, patos y ¡hasta una cabra -Benedicto- que nos acompañó todo el camino!

Como os contaba el otro día nos hemos comprometido con Proexport a enviar al menos dos posts al mes que colgarán en la página de Colombia Travel. Los artículos que sean más leídos y que generen más tráfico serán premiados con viajes por toda Colombia, así que, ya sabéis, ¡¡a leerme, por favor, que deseo con todo mi corazón recorrer este país y escribir sobre él!! Además, quiero enseñarle al mundo que el único riesgo que tiene Colombia "es que te quieras quedar", como me ha pasado a mí. Ojalá podáis ayudarme. Muchas gracias.

Podéis pinchar aquí para leer mi artículo. 

domingo, 19 de febrero de 2012

En bici por Bogotá

De España echo de menos muchas cosas: mi familia, los amigos, la comida, el mar y ¡mi bicicleta! Cuando vivía allí la sacaba a diario para ir de paseo y a trabajar; ahora la cuida mi amiga Maricruz a la que desde aquí mando miles de besos. 

Llevo pocos meses en Bogotá y lo de salir en bici sola todavía no me atrevo; no conozco bien la ciudad y el tráfico aquí es de locos. Así que el otro día, para quitarme las ganas bicicleteras, decidí acompañar a Mike Ceaser -compañero en el programa Official Bloggers de Proexport- a uno de los recorridos que organiza con su empresa Bogota Bike Tours. Mike es californiano, periodista como yo y llegó a vivir a Colombia hace dos años después de dar vueltas por media Lationamérica. 

Nos encontramos en el local que tiene en La Candelaria, barrio histórico de Bogotá. Agarramos nuestras bicis y nos ponemos en marcha. En el grupo hay gente de Estados Unidos, Canadá, Australia, Holanda. Nuestra primera parada es el Chorro de Quevedo: dicen que fue aquí donde Gonzalo Jiménez de Quesada fundó la ciudad. De allí, directos a la Plaza Bolívar. ¡Sorpresa! Hoy es día de mercado campesino y comemos de todo: lulos, aguacates, agua de coco, almojábanas, mangos, mangostinos, dulces.... Menos mal que nos quedan unas cuantas horas en bici por delante para quemar toda esta ingesta de calorías. 

Bajo un sol de justicia enfilamos la Séptima, la carrera con más tráfico de Bogotá y que recorre la ciudad de norte a sur. ¡Qué locura! Los coches y los autobuses me pasan rozando. Menudo subidón de adrenalina. Abstenerse corazones delicados. Menos mal que pronto giramos a la derecha y la avenida Jiménez nos lleva directos hasta la Plaza de San Victorino, puro centro de Bogotá donde se encuentra de todo y muy barato. Hay gente subiendo, gente bajando. Cómo me gusta montar en bicicleta, sentir la ciudad al ritmo de mi pedaleo. Tengo que comprarme una. Pasamos frente a la antigua estación de tren que hace mucho dejó de funcionar; ahora sólo sale desde allí algún tren turístico. Llegamos al barrio de Santa Fe. Uyyy qué olor tan rico. ¿Dónde hemos parado? Se abre una puerta y entramos al Café de la Fonda, con tostadero incluido. Qué sitio tan encantador; prometo volver con más calma.

Nuestra próxima parada es el Cementerio Central. Aparcamos las bicis en la puerta y paseamos entre esculturas, bronces y mausoleos. Mike nos cuenta mil y una historias. Una vuelta por Teusaquillo, el que fuera uno de los barrios más ricos de Bogotá, parada en la Plaza de Toros, regreso a La Candelaria, subida por la Calle del Embudo, repleta a esa hora de cerveza y estudiantes, y fin del paseo. Han sido más de cuatro horas pero se me han pasado volando. ¿Te gusta montar en bici y quieres conocer mejor Bogotá? Este es un estupendo plan; a mí me  ha encantado el paseo.

jueves, 16 de febrero de 2012

COLOMBIA, tierra de luz

Hace meses, cuando empecé con este blog hice una firme promesa: no hablar de política ni de religión. Pero las promesas, a veces, se rompen si hay un buen motivo para ello y yo lo tengo. El sábado pasado más de 35.000 colombianos, encabezados por el presidente Santos, marcharon en Necoclí, en el departamento de Antioquía, para celebrar la entrada en vigor de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras por la que se prevé compensar económicamente y devolver las tierras a las víctimas del conflicto armado. Os doy un dato: en las dos últimas décadas más de 3,7 millones de colombianos han sido desplazados forzosamente, abandonando 6.6 millones de hectáreas.

Intenté asistir a esta marcha celebrada en la que ha sido una de las zonas más castigada por la violencia del último cuarto de siglo pero me fue imposible. Quién sí estuvo fue mi amigo Santiago Escobar Jaramillo quien con su cámara registró este momento histórico y crucial para Colombia. Las fotos que aquí veis son suyas. Santiago es fotógrafo, colombiano, muy comprometido con su país y recientemente ha puesto en marcha un nuevo proyecto, Colombia, tierra de luz, que busca realizar una serie de actos simbólicos de reparación a las víctimas de la violencia y las personas en condición de desplazamiento en diferentes lugares de Colombia, a través de la fotografía y el arte. Un grito frente a tanto silencio y desinterés. Santiago estuvo en Necoclí el fin de semana pasado y en los próximos meses viajará con su cámara a otras zonas afectadas como Bahía Portete en La Guajira; Manzaneres en Medellín o Cazucá, en Bogotá.

¿Cómo se puede reparar a las víctimas de la violencia y el desplazamiento forzado en Colombia? Santiago lleva años reflexionando a través de su trabajo sobre este tema con intervenciones como Pueblo fantasma, con la que colocó en varios puntos del país casitas piramidales blancas para recordar los poblados solos y desprovistos de uso que quedan atrás como pueblos fantasmas, o Chiminigaguas, retratos fotográficos nocturnos de ex-paramilitares, ex-guerrilleros desmovilizados y campesinos desplazados.

Enhorabuena Santiago por este magnífico trabajo. Y vosotros si queréis colaborar en Colombia, tierra de luz podéis hacerlo aportando ideas, imágenes, logística, contactos o financiación. Tenéis toda la información en la web.



miércoles, 15 de febrero de 2012

El Peruviano

Diego me recibe con un gazpacho de leche de tigre con nopal acompañado de un ceviche de maíz y un pisco sour de ají mirasol. Así, nada más llegar ¿Pero quién es él? ¿Dónde estoy degustando estas delicias? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Diego García Vela es el propietario del Peruviano, el mejor restaurante peruano de Bogotá, y yo he tenido la inmensa suerte de que me invite a probar la nueva carta porque sabe que adoro su cocina.

Este festín culinario del que hoy soy protagonista continúa con un muchame de atún y de pescado blanco aderezado con limón, aceite de oliva y unos trocitos de aguacate, en reducción de chicha morada y lomo salteado y acompañado de palmito deshilachado de la selva. Literalmente lo devoro sobre unas crujientes tostaditas de pan al horno preparadas al estilo italiano con orégano, ajo y perejil. El pescado, a modo de sashimi japonés, se deshace en mi boca. A Diego le gusta jugar, fusionar sabores del mundo, sorprender a su clientela y no seguir las reglas. Así que que, si te animas a venir a su restaurante, ponte en sus manos y déjate llevar. No te arrepentirás. Yo es lo que hago siempre. 

El menú continua con una patarashca, plato típico que en la selva peruana lo preparan con cualquier pescado de la zona. Diego ha escogido para este día un trozo de cherna que cocina envuelto en hojas de plátano o bijao, acompañado de cebollas, pimientos, tomate de árbol y chonto, servido con un timbal de plátano maduro y verde. Simplemente delicioso. De postre, un suspiro limeño a base de dulce de leche a la olla coronado con merengue italiano y con mucha canela. Qué maravilla.

En la nueva carta del Peruviano puedes encontrar arroces de la cocina chifa-peruana -que viene a ser la china-peruana-, como el aeropuerto, mezcla de pasta y arroz con chicharrón de pollo en reducción de chicha morada, el tapado con lomo de res, cebolla, aceitunas, huevo duro y ají panca o el de pato con un adobo de hierbas verdes y un toque de mandarina y ají amarillo. ¿Rico verdad? Pues aquí no acaba la cosa: Diego prepara como nadie el ceviche de pato; el pollo a la brasa adobado con romero; el cerdo macerado en canela y ají panca; la parihuela, que es una sopa de pescado; el aguadito de pollo, típico de las fiestas navideñas; el tacacho de la selva con langostinos (en la foto de abajo); el locro de langostinos y camarones; los ceviches, los tiraditos. Y tantos platos más. 

Yo después de este sabroso y enriquecedor viaje gastronómico por el Perú, y como es costumbre en mi país, me voy a dormir la siesta o, como dirían aquí en Colombia, llegó la hora de la lochita. Pero antes ¿quieres que te reserve una mesa en el "Peruviano"? 

Peruviano
Calle 71 / 5-75. Bogotá
Reservas: 3177410


martes, 14 de febrero de 2012

Lecciones para un beso

Qué mejor día que hoy para lanzar al aire una pregunta: ¿Cómo conquistar a una mujer? Difícil cuestión si además quién se la plantea es un chico de 14 años, tímido, recién llegado a Cartagena de Indias desde Bogotá y enamorado perdidamente de una deslumbrante quinceañera. Inexperto en esto del amor, Alejandro le pedirá ayuda a tres clientes del restaurante de su mamá: un romántico, un mentiroso y un materialista, interpretado por el adorable Salvo Basile.

Este es el argumento de Lecciones para un beso, ópera prima de Juan Pablo Bustamante que fue vista el año pasado por más de 90.000 espectadores en todo el país. Con la recaudación conseguida con esta comedia romántica para hombres, el joven director colombiano -quien pulió el guión con la ayuda de García Márquez que quedó cautivado con la historia-, hubiera podido probar fortuna en el extranjero, pero él optó por otro camino: convertir su trabajo en la primera película en español estrenada en Facebook. Y hoy, 14 de febrero, San Valentín, es el día elegido. Precio: 99 centavos de dólar. Hora: a partir de las 20 horas de Colombia. Toda la información en: www.facebook.com/LPUBeso

¡Feliz Día de los Enamorados! y ya me contaréis qué os parece la película.


lunes, 13 de febrero de 2012

Las mujeres en el Arte

Cuando estoy por el centro de Bogotá siempre me gusta darme una vuelta por el Museo de Arte Moderno. El otro día me acerqué a ver la exposición Identidad femenina en la colección de IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno) que reúne la obra de 40 artistas del XX y del XXI en un recorrido que reflexiona sobre el papel de la mujer en el arte. Os cuento mi visita. Nada más entrar, una texto me llama la atención: "Plinio el Viejo, en su Historia Natural, asegura que la pintura fue una invención femenina en la antigua Grecia". Pues no tenía ni idea, pero ahora también sé que fue la joven hija del alfarero Butades Sicyonius quien trazó sobre un muro el contorno de la sombra del rostro de su amado cuando partía para lejanas tierras. Un consejo: Nunca te acuestes sin haber aprendido algo nuevo. Yo intento no hacerlo.

Volvamos al museo y a esta exposición que en su sala de abajo exhibe la obra de fotógrafas como Grete Stern -de ella es la foto que cierra este post, Amor si ilusión, que siempre me ha encantado; Cindy Sherman -a la que admiro desde hace muchos años-; Ouka Lele -con su retrato de Alberto García-Alix en plena movida madrileña; Diane Arbus, Cristina Iglesias, Rita Martorell y Carmen Calvo, entre otras, con su obra "Has hecho de mí todo lo que querías " -en la foto de aquí al lado- y de la creo, sobran las palabras.

Subo las escaleras y, en medio de la sala, me encuentro una instalación de la artista española Susy Gómez que lleva por nombre Algunas cosas que llamaba mías. Una tela de seda color sangre dibuja un enorme círculo. Dentro, 18 figuritas de bronce de raras formas. En uno de los lados, un almohadón invita a sentarse y contemplar de cerca este espacio íntimo, pasional y misterioso. Sigo recorriendo la sala entre piezas de Soledad Sevilla, Barbara Schwaertz, Mar Solis y Elena del Rivero mientras me felicito de la interesante oferta cultural de Bogotá reflexiono sobre el largo camino repleto de reveses y obstáculos que hemos tenido que recorrer las mujeres y no sólo en el arte. ¿Qué os parece a vosotros?



viernes, 10 de febrero de 2012

Caliwood

Me encanta el cine y hasta ayer pensaba que sólo existían Hollywood y Bollywood, pero mi amiga Paula Silva, que es caleña, además de una reconocida chef, anoche me habló de Caliwood y me he puesto a investigar.

Retrocedamos en el tiempo. 1971. Carlos Mayolo funda en Cali, junto a sus amigos Luis Ospina y Andrés Caicedo, Ciudad Solar, un hito en la historia cultural de la ciudad -con cine club, sala de exposiciones y laboratorio de fotografía- centro de reunión y estimulador de sueños.

Mientras, con el dinero que gana en un desfile de moda, Mayolo compra un proyector de 16 milímetros, una cámara y sale a la calle. Con el proyector exhibe películas soviéticas, cubanas y checas de fuerte crítica social entre los obreros de los sindicatos del Valle del Cauca a los que cobra "lo de una lata de sardinas y un pan". Con la cámara filma sus primeros trabajos, muchos de ellos junto a Ospina: Oiga y vea, ambientada en los VI Juegos Paramericanos celebrados en Cali; Monserrate, inspirada en el famoso cerro bogotano; La mansión de Araucaima, en la que se traduce lo gótico al lenguaje del trópico; Agarrando pueblo, ingeniosa crítica a la representación de la pobreza en el cine y a la que ellos llaman "pornomiseria", y muchas otras más como Cali de película, Pura sangre y Carne de tu carne. En 1974 se pone en marcha la revista Ojo al Cine; empiezan a llegar a la ciudad películas de grandes directores como Fellini y Godard, se abren cine clubes y hasta se crea la Facultad de Comunicación Social de la Universidad del Valle de la que saldrán no sólo grandes cineastas sino también sonidistas y fotógrafos. Ha nacido todo un movimiento cinematográfico al que alguien acertadamente bautiza como Caliwood y que pone de moda una estética, un gozo y una ciudad.

Tras años de intensa actividad, Caliwood empieza a desinflase. Muchos de sus protagonistas abandonan Cali, se cierran cines, no se ruedan más películas. Ahora que han pasado muchos años de todo esto, ¿se puede hablar de un resurgimiento de Caliwood? Pues hay mucha gente que piensa que sí porque en Cali ha surgido una nueva generación de directores que tratan temas que ya filmaron sus precursores -el cine negro, el crimen, el vampirismo, el horror, el humor macabro -y que, como ellos, tienen un interés por hacer proyectos desde la región y realizar un trabajo alrededor de la ciudad. Nombres como Carlos Palau, Antonio Dorado, Óscar Campo, Jorge Navas, Carlos Moreno, Óscar Ruiz, Jaime César Espinosa o Andi Baiz -quien ahora tiene en cartelera La cara oculta- trabajan, claro está con otros lenguajes y otras motivaciones pero ¿tal vez inspirados por el Grupo de Cali al que pertenecieron Mayolo, Caicedo y Ospina? ¿Qué opináis vosotros?

Quiero despedirme con unas palabras de Carlos Mayolo a quien podéis ver en la foto de arriba, con camiseta a rayas, junto a Ospina. "Admiro el cine, porque parece un ave que vuela y al mismo tiempo empolla lentamente una verdad. Nada puede explicar lo claro. Sólo el cine, con esa pereza metódica (pereza metódica es esperar a que pase una nube para filmar con doscientos extras) va acumulando o juntando lo suelto, lo que no se sabe, hasta volverlo una sola cosa expresiva que es la verdad".

¡Ah! Y no os perdáis este vídeo de La mansión de Araucaima para haceros una idea de lo qué es eso del gótico tropical.

miércoles, 8 de febrero de 2012

¡Ya soy bloguera oficial de Proexport!

¿Sabías que Colombia es el primer país del mundo que ha puesto en marcha una comunidad de blogueros para ayudar a promocionar el turismo? El programa se llama Official Blogger Colombia.Travel, lo organiza Proexport -que viene a ser como un ministerio de Turismo- y yo tengo la suerte de pertenecer a este grupo de extranjeros que, durante un año, nos dedicaremos a escribir sobre este maravilloso país en el que cada día vivo más contenta.

¿Y cuál es el motivo principal para poner en marcha esta novedosa iniciativa digital? Ayer lo dijo bien claro la presidenta de Proexport, María Claudia Lacouture: "La tendencia del turismo internacional muestra que cada día los viajeros basan sus decisiones de viajes en experiencias que leen en publicaciones digitales, especialmente en blogs". Uyyy. Menuda responsabilidad la mía, pero estoy dispuesta a asumirla.

En total somos ocho blogueros de Estados Unidos, seis de España, cuatro de Brasil, tres de Reino Unido, tres de Francia, dos de Alemania, dos de Australia y uno de Bélgica, Austria, Canadá, Perú más un colombiano residente en Canadá. Ahí nos veis a todos en la foto en el acto de presentación que tuvo lugar el martes en el Hotel de La Ópera de Bogotá y en el que tuvimos juegos, desayunos y otras muchas actividades. Yo soy la de la fila de detrás a la derecha y estoy junto a mi gran amigo, el también español y bloguero Dani Meroño. ¿Se me ve feliz, verdad? Es que no es para menos: para mí es un honor que hayan pensando en mí para que cuente a todo el que me quiera leer las miles de cosas que he descubierto y que me quedan por descubrir de Colombia.

¿Cómo vamos a trabajar? Nos hemos comprometido a enviar al menos dos posts al mes que colgarán, a partir del 25 de febrero, en la página de Colombia Travel. Los blogs que generen más tráfico serán premiados con viajes por toda Colombia, así que, ya sabes, ¡¡a leerme, por favor, que deseo con todo mi corazón recorrer este país y escribir sobre él!! Además, quiero enseñarle al mundo que el único riesgo que tiene Colombia "es que te quieras quedar", como me ha pasado a mí. Ojalá puedas ayudarme. Gracias de antemano.

martes, 7 de febrero de 2012

Mojarra para comer y bailar

Hoy os quiero hablar de dos mojarras: la que se come -en la foto- y la que se escucha y, por supuesto, se baila. ¿Por dónde empezamos? Pues creo que dada la hora que es, y evitando un ataque incontrolado de hambre del que no respondo, mejor comencemos por la segunda. ¡Allá vamos! Su nombre completo es La Mojarra Eléctrica y es una banda de música colombiana muy conocida y que a mí me gusta mucho. ¿Y a qué suenan? En su web ellos mismos se definen como el nuevo sonido afrocolombiano. ¿Y cómo lo consiguen? Mezclando instrumentos y cantos tradicionales del Pacífico y el Caribe -bullerengue, chirimía, currulao- con el rap, el reggae, el funk o el jazz. El resultado: una descarga eléctrica con todas las de la ley. Estos músicos -liderados por Jacobo Vélez-, empezaron a tocar en una esquina de la calle 19 con Séptima -en pleno centro de Bogotá-, de ahí saltaron a los bares y directos como un cohete a la fama. No les perdáis la pista. Abajo os dejo un vídeo.

¡Y ahora sí! A chuparnos los dedos con la mojarra frita, delicioso plato típico de la costa colombiana y que se come acompañado de patacón -platano frito-, suero costeño -crema hecha con leche, sal y limón-, arroz con coco y ensalada. ¡Lo sabía! ¡Se me hizo la boca agua! ¿Qué hago, sigo escribiendo o me voy directa a la cocina a saciar este hambre voraz? Está bien, aquí me quedo fiel a mis lectores. Os cuento que probé la mojarra no hace mucho con mi amigo Alejo en un restaurante de comida costeña en Bogotá que os recomiendo: Carmen de Bolívar. El pescadito en cuestión me lo comí con las manos -como dios y la tradición mandan- y me supo a gloria bendita. Mamá, no me regañes pero es que o te lo comes así o no sabe igual. No quiero ni imaginarme cómo tiene que ser lo de saborear un pescadito de estos a orillas del mar oyendo a La Mojarra Eléctrica. ¿Alguien me lleva? Y de vosotros ¿a quién le gusta alguna de estas dos mojarras, o las dos, como a mí?



domingo, 5 de febrero de 2012

Arriba, abajo

Antes de llegar a Colombia para mí refajo no había más que uno: el que veis en la foto a modo de falda de vistosos colores y primorosos bordados y que en mi tierra, Murcia, se mueve a ritmo de jotas, parrandas y malagueñas. O sea, bailes, bailes y más bailes. Hasta tenemos una canción que sonrojaba en su día a los más mayores y que dice "Arriba, abajo, que a mi novia le he visto el refajo. Abajo, arriba, que a mi novia le he visto las ligas".

Pero ha sido llegar a Bogotá y otro refajo entrar en mi vida, eso sí, a modo de bebida. Perú tiene el pisco sour, Brasil, la caipirinha y Colombia, esta curiosa combinación agridulce de cerveza con gaseosa. Preparar un refajo no tiene mayor secreto:  cerveza, gaseosa dulce -Colombiana, Kola Hipinto o Kola Román-, al centro y para dentro. Hielo no, por favor, que lo llena de agua y le cambia el sabor. Con el nombre de Cola y Pola se llegó a comercializar el refajo en lata y botella pero no gustó nada y pronto lo sacaron del mercado porque el bueno es el que se hace en casa, en una jarra, y en las proporciones deseadas según el día. Hay quienes le agregan otras bebidas -como ron o aguardiente (entonces se le llama submarino)-, pero el refajo no está pensado para emborrachar sino, entre otras muchas cosas, para quitar el guayabo versus resaca y, la verdad, funciona a las mil maravillas ya que, por un lado, hidrata, y, por otro, mantiene una cierta dosis de alcohol en el organismo mientras el malestar se esfuma.

¿Y esto del refajo de dónde viene? Cuentan que los ingleses, allá por el XVII, empezaron a mezclar limón almibarado con cerveza de mala calidad. La mescolanza se fue refinando y mejorando hasta que se consiguió el shandy que hoy en día se toma con ginger, soda o gaseosa. Existen bebidas parecidas en Bélgica, Francia, Estados Unidos y hasta en España donde, al mezclarla con limón, la llamamos clara.

Para los colombianos este líquido invento que refresca, sana y, si te empeñas, hasta emborracha, es acompañante imprescindible de chicharrones, chorizos, empanadas, morcillas, papas, guacamole, carne,  arepas y qué sé yo cuántas comidas más. Y a vosotros ¿cómo os gusta tomarlo? Si es que os gusta, claro.



jueves, 2 de febrero de 2012

Bien colado, por favor

Pregunta, y no vale que contesten los colombianos que se la saben seguro: ¿Qué fruta puede llegar a pesar 4 kilos y medir 40 centímetros de alto? Una pista: empieza por la letra g. Mmmmmmm. ¡Sí! Es la guanábana y yo no sabía que existía antes de llegar a Colombia y confieso que "en persona" impresiona.

Se le conoce también como graviola o chirimoya brasileña y de ella se aprovecha todo: las semillas se utilizan para cortar los vómitos; las hojas son un excelente remedio contra chinches, piojos, trastornos de vesícula biliar, tos, catarro, disentería, fiebre, diarrea, indigestión, inflamación, hinchazón de pies y problemas cutáneos. La corteza funciona como antídoto contra intoxicaciones, las flores alivian los catarros y la pulpa se aplica en forma de cataplasma sobre las heridas para acelerar la cicatrización. Además, su alto contenido en látex ayuda a disminuir el estreñimiento crónico -por algo la llaman la fruta de la digestión-. Pero lo más importante: hay estudios que aseguran que es un poderoso anticancerígeno por su alto contenido en acetogeninas. ¡Ojo! No hay nada demostrado y no existe ninguna prueba en humanos, pero se ha llegado a decir que es 10.000 veces más potente que la quimioterapia.

Remedios a parte, la verdad me pregunto quién se puede resistir a su perfumado aroma, delicioso sabor y cremosa textura parecida a la del yogur. Yo no, está claro, pero a mí como más me gusta no es en merengón sino en jugo -sin miel y sin leche condensada por favor que ya está bien dulce- pero, eso sí, como dice mi amigo Mercho, bien colado por favor, para que no esté tan espeso y quite la sed si no, no hay manera. ¿Oído cocina?

Y a vosotros, ¿cómo os gusta la guánabana?

miércoles, 1 de febrero de 2012

Las "Protografías" de Óscar Muñoz

Irene es una nueva amiga española que ha llegado a Bogotá. A las dos nos gusta mucho el arte así que el otro día quedamos para ver juntas la exposición de Óscar Muñoz en el Museo de Arte del Banco de la República.

Oscar Muñoz en uno de los nombres más importantes del arte contemporáneo colombiano y el artista con mayor proyección internacional después de Doris Salcedo. Su obra investiga temas como la luz, la fijación de las imágenes y la memoria y se mueve libremente entre la fotografía, el grabado, el dibujo, la instalación, el vídeo y la escultura.

Irene y yo recorrimos literalmente boquiabiertas de una punta a la otra la exposición a la que han llamado "Protografías" porque, como leímos, el trabajo de Muñoz se sitúa en el espacio anterior o posterior al verdadero momento decisivo en el que se fija la imagen: el"proto-momento". Una vez aclarado esto os confieso que yo nunca había oído hablar de este artista y me impactó tanto lo que vi que llevo días en internet buscando información sobre él.

Hace tiempo que Muñoz se dio cuenta de que no solamente se puede dibujar sobre papel, sino que hay otras formas de hacerlo y así lo plantea en esta exposición con sus serigrafías en polvo de carbón sobre agua a las que llama "Narcisos", inspiradas en el mito de quien muere en el vano intento de tomar para sí el reflejo de un yo no reconocido. Impresionantes. Pero había muchas otras sorpresas esperándonos a Irene y a mí: sus dibujos de carbón sobre papel de los 70, hiperrealistas y misteriosos; "Cortinas de baño", dibujos de borrosos cuerpos desnudos sobre cortinas de plástico semi-transparente y que podéis ver en la foto de abajo; "Aliento", impresión de fotoserigrafías de rostros de personas desaparecidas sobre unos discos metálicos bañados con una película grasa que permanece invisible hasta que el espectador se acerca -como hicimos nosotras- y con su propia respiración cubre de vaho las áreas no grasosas haciendo aparecer los rostros por unos segundos. Y proyecciones sobre arena, videoinstalaciones y "Fundido a blanco", retrato personal en la que los protagonistas son el propio artista, su padre y su madre.

Abandonamos el museo felices y, si cabe, más convencidas de que Bogotá es una gran capital con una interesante oferta cultural. ¿Quién conoce la obra de Óscar Muñoz? ¿Os apuntáis a ver la exposición? Estará abierta hasta el 12 de marzo.