Valentín tiene más de setenta años. Se levanta cada mañana antes de que salga el sol, cruza Bogotá de una punta a la otra, sube a los cerros y regresa a la ciudad cargado de ramas de eucalipto que vende en las calles. Así un día tras otro. Lleva trabajando sin descanso desde los siete años, ha perdido sus dientes pero nunca su sonrisa. Mi amigo Lucho Mariño lo ha fotografiado. Aquí tenéis su rostro, su piel, toda una vida marcada en cada una de sus profundas arrugas.
El de abajo es Walter y recorre con su zorra Bogotá. David lleva viviendo debajo de la autopista desde los diez años y bebiendo alcohol etílico mezclado con agua; Gabriel de Jesús pasa los días pidiendo una ayuda a la salida de la iglesia sentado en su silla de ruedas. También están Pacho, Rosendo, Luis, Álvaro... Hace dos años, Lucho hizo su primer retrato en la calle de uno de estos amigos invisibles, como él los llama, que están siempre a nuestro lado, pero que todo el mundo evita. Y desde entonces no ha parado. Le fascinan sus miradas y con sus fotos quiere revelar la esencia de esta, para él, maravillosa gente.
Apasionado de la arquitectura y el café, Lucho nació en Barrancabermeja, en el departamento de Santander, y lleva más de veinte años con su cámara a cuestas. Publicidad, obras de arte, alimentos y ahora estos retratos que, a mí, me dejan sin respiración. Y a vosotros, ¿qué os parecen?
Aquí podéis ver más fotos de Lucho.
Apasionado de la arquitectura y el café, Lucho nació en Barrancabermeja, en el departamento de Santander, y lleva más de veinte años con su cámara a cuestas. Publicidad, obras de arte, alimentos y ahora estos retratos que, a mí, me dejan sin respiración. Y a vosotros, ¿qué os parecen?
Aquí podéis ver más fotos de Lucho.

