Ayer salí del teatro con la sensación de que me había escapado de morir allí mismo asesinada a cuchillazos. Así, tal cual. Durante una hora contuve la respiración, no moví un músculo de mi cuerpo, tuve miedo y hasta ganas de salir corriendo de ese apartamento asfixiante, lúgubre y destartalado en el que tiene lugar esta obra y en el que entre todos consiguieron que me sintiera atrapada. Si de eso se trataba mis más sinceras felicitaciones; volví a casa con un nudo en el estómago pero entusiasmada por haber visto la que sin lugar a dudas es una de las grandes piezas de esta temporada.
La obra se llama Los Autores Materiales, la compañía, La Maldita Vanidad, su director, Jorge Hugo Marín y después de haber triunfado por media Europa estará en cartelera un par de semanas más en Casa Ensamble, uno de los espacios culturales más interesantes de Bogotá y al que voy cada vez que puedo.
La sala donde se representa es pequeña y no hay separación entre el público y el escenario; además, por si fuera poco, Paula, Luigi, John y yo nos sentamos en primera fila así que de verdad parecía que estábamos dentro del apartamento en el que Sebas, Julián y El Negro se cargan a sartenazos a Don Joaquín al que deben tres meses de alquiler. El dilema, el de siempre: ¿cómo deshacerse del cuerpo que en esta ocasión ocultan en el baño? La acción transcurre en un plano secuencia; no hay pausa ni respiro; todo sucede frenéticamente y tan real: la radio que suena, el olor de los huevos recién preparados por la empleada de servicio magistralmente interpretada por Ella Becerra, el jarrón que se rompe, el movimiento de las manecillas del reloj, el filo del cuchillo, la sangre por todas partes.
Si Hitchcock levantara la cabeza estoy segura que aplaudiría esta magistral obra inspirada en el tema del crimen perfecto que tanto me recuerda a su película La soga y que, como ella, termina con un ensordecedor ruido de sirenas policiales.
La obra se llama Los Autores Materiales, la compañía, La Maldita Vanidad, su director, Jorge Hugo Marín y después de haber triunfado por media Europa estará en cartelera un par de semanas más en Casa Ensamble, uno de los espacios culturales más interesantes de Bogotá y al que voy cada vez que puedo.
La sala donde se representa es pequeña y no hay separación entre el público y el escenario; además, por si fuera poco, Paula, Luigi, John y yo nos sentamos en primera fila así que de verdad parecía que estábamos dentro del apartamento en el que Sebas, Julián y El Negro se cargan a sartenazos a Don Joaquín al que deben tres meses de alquiler. El dilema, el de siempre: ¿cómo deshacerse del cuerpo que en esta ocasión ocultan en el baño? La acción transcurre en un plano secuencia; no hay pausa ni respiro; todo sucede frenéticamente y tan real: la radio que suena, el olor de los huevos recién preparados por la empleada de servicio magistralmente interpretada por Ella Becerra, el jarrón que se rompe, el movimiento de las manecillas del reloj, el filo del cuchillo, la sangre por todas partes.
Si Hitchcock levantara la cabeza estoy segura que aplaudiría esta magistral obra inspirada en el tema del crimen perfecto que tanto me recuerda a su película La soga y que, como ella, termina con un ensordecedor ruido de sirenas policiales.
