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No os lo vais a creer pero antes de venir a vivir a Colombia mi dieta carnívora se ceñía única y exclusivamente a unos trocitos de pollo de vez en cuando y a unas lonchas de jamón serrano. Desde que pisé suelo colombiano la cosa ha cambiado hasta tal punto que devoro morcillas, longanizas, chicharrones, lomos, lomitos y lomillos y lo que se me ponga por delante. Es más, desde la semana pasada me declaro adicta a la ternera a la llanera, llamada también mamona, que he probado en mi paseo a Los Llanos Orientales.
Por favor, mirad atentamente la foto y decirme si no es apetecible; a mí se me hace la boca agua y más a estas horas en la que mis tripas empiezan como locas a pedir auxilio. ¿Y cómo se prepara esta delicia llanera? Algunos cocineros la condimentan con ajo, cebolla cabezona, pimentón, sal y cerveza pero la receta clásica sólo lleva sal. Luego la colocan en el fuego a cocinarse lentamente durante varias horas con mucho mimo y atención dándole vueltas constantemente para que no se haga por unos sitios más que por otros y no se queme. Cuando está lista se sirve acompañada de papas, yuca y plátano maduro y si te la quieres llevar a casa te la envuelven en hojas de bijao, parecidas a las del plátano. Os tengo que decir que con una cerveza bien helada sabe a gloria divina. ¿Te apuntas?
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