Está bien, lo reconozco, estaba equivocada: el verdadero símbolo nacional colombiano no es el sombrero vueltiao, ni el café ni el sancocho sino el Chocoramo, esa tajada de ponqué -bizcocho- bañada en chocolate que veis en la foto y que en ¡50 años!, desafiando toda lógica empresarial, no ha cambiado ni de logo ni de envoltorio. La chocoramomanía llega hasta tal extremo que hasta hay una página en facebook con más de 150.000 seguidores en donde se discute todo sobre el producto. Ayer, al salir del gimnasio y con un hambre de lobo me zampé uno y os tengo que decir para los que no conozcáis esta maravilla nacional que es esponjoso, sabroso y está riquísimo.
¿Sabéis cuántos bizcochitos de estos se venden al mes en Colombia? Nada más y nada menos que tres millones; una cifra para caerse de espaldas. Más datos: se producen diariamente 550.000 tajadas y en un año se da salida a 120 millones de unidades. ¿Y el secreto de todo este éxito cuál es? Sin duda alguna su condición de tentempié que, por un módico precio, espanta el hambre a cualquier hora del día llámese desayuno, medias nueves, almuerzo, onces o comida y que combina a la perfección con cualquier bebida. ¿Y a quién se le ocurrió la genial idea de comercializar este producto? Retrocedamos en el tiempo: nuestro héroe se llama Don Rafael Molano y todos los días para endulzar su almuerzo se llevaba a su trabajo en la fábrica de Bavaria un trocito de bizcocho horneado por su esposa. El dulce se hizo tan popular que sus compañeros empezaron a hacerle encargos; los pedidos fueron aumentando y Don Rafael se dejó el trabajo y fundó su propia empresa. Había dado en el clavo: sacar el ponqué de bodas, bautizos y comuniones y venderlo como snack para todos los días. Bingo.
Os dejo; voy a concentrarme a ver si me posee el espíritu de Don Rafael y se me ocurre una genial idea empresarial que solucione mi vida y la de todos mis descendientes.
